Migrantes indígenas comparten tradiciones con nueva generación

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En el pujante valle agrícola de Coachella, sur de California, se ha asentado una creciente población de origen indígena purépecha. Fieles a las tradiciones de su natal estado mexicano de Michoacán, agrupaciones purépechas organizan cada año una peregrinación a  un santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe en el poblado de Mecca. Acompañados con sones de la región y la Danza de los Viejitos, los migrantes mantienen la tradición viva, involucrando en las danzas y cantos a sus hijos, que nacen y crecen lejos de su tierra materna. Nuestro corresponsal Rubén Tapia fue testigo de los festejos este año. Este reportaje es parte de nuestra serie Raíces: Historias sobre los artistas del pueblo.

In the booming agricultural valley of Coachella, in Southern California, a growing population of indigenous Purépecha people have come to settle. Faithful to the traditions of their home state of Michoacán, Mexico, Purépecha groups organize a pilgrimage every year to a church dedicated to the Virgin of Guadalupe in the town of Mecca. Accompanied by regional sones, or tunes, and the Danza de los Viejitos, or Dance of the Old Men, the migrants carry on a live tradition, involving their children, who were born and grew up far from their parents motherland.  Our reporter Rubén Tapia witnessed the celebration this year. This story is part of our Raíces Series: Stories About Grassroots Artists.


 

Dialogo Purépecha y música de Banda…

Con música de Banda seis señoras purépechas vestidas con un hermoso traje floreado encabezan una procesión que recorre dos calles de terracería en Los Duros, un humilde parque de casas rodantes.

Música de banda…

Una  de esas señoras lleva en su manos  un ramo de flores, otra una vela encendida, dos llevan  imágenes pequeñas de la ‘Virgen Morena’, dos más llevan  en un recipiente y  encendida la olorosa y humeante resina ceremonial  llamada Copal.

Pánfila Vicente es una de ellas:

“Siempre allá en México hacemos cada año esto, también estamos  reunidos toda la familia…. para no olvidar…”

Siguen en procesión a las señoras cuatro jóvenes que cargan en sus hombros un altar guadalupano adornado  con racimos de plátano, papaya, manzanas, un pan especial, refresco de cola, globos multicolores y una cadena de billetes de dólar.

Música…

Dos jovencitas con vestidos similares cargan un cuadro gigante de la Virgen de Guadalupe, adornado con moños dorados.  Más de 30 bailarines  y miembros de la comunidad los acompañan. Ya en la carretera, abordan varios vehículos rumbo al  santuario guadalupano en el pequeño poblado agrícola de La Mecca, donde continúan a pie.

Rezos a la Guadalupana…

La procesión es amenizada por la Banda Cumichenia, dirigida por Esteban Vicente. La banda fue nombrada  en honor a su pueblo Ocumichu, de Michoacán, donde nacieron la mayoría  de los purépechas que viven en Los Duros. Esteban:

“Desde morro, desde las raíce…, mi abuelito es músico en México; poco a poco agarré el sentido musical.”

Esteban afirma que tiene un repertorio de más de 80 canciones, algunas tradicionales y otras  composiciones propias. Casi todos los músicos son jóvenes varones. La excepción es la niña Itzel Talavera, de 12 años de edad, que toca la vihuela, una guitarra con cinco cuerdas típica de los mariachis.

“Mi abuelo me dijo que me iba a enseñar, y así es como aprendí a tocar más y más”, relata Esteban.

Aquí, música de vihuela…

Los músicos trabajan en el campo y a veces se dificultan los ensayos, pues casi siempre están ocupados durante todo el año, continúa Esteban:

“Tocamos en todas las ocasiones, quinceañeras, bodas, bautizos”

Música…

La peregrinación purépecha continúa por las calles de La Mecca, a la que se le suman pobladores  como  la abuelita Cecilia Rojas, indígena cora de Nayarit; la acompañan  sus tres  nietos .

“Tuve un accidente muy pesado y le prometí a la virgen que año por año yo me iba a vestir, de Cora”, dice la abuela.

Más de mil feligreses los reciben en un templo lleno a  su capacidad.

Música, baile, aplausos, y el padre dando la bienvenida…

El sacerdote Javier Escobar dirige el santuario guadalupano.

“Con sus bailables, con su canto, con su música traen alegría y poesía a una rutina tal vez algo cotidiana que con el paso de los años, poco a poco va perdiendo ese brillo, esa naturalidad del gesto de devoción”

Música dentro de la iglesia…

Después de la celebración religiosa bailan por más de una hora y media la tradicional Danza de los Viejitos.

Sonido de la danza…

Los bailarines visten camisa y pantalón de manta bordado en la parte baja, sombreros adornados con listones multicolores, y cubren su rostro con máscaras de viejitos desdentados.  Encorvados, se apoyan en un bordón, pero sus pies enhuarachados , adornados con cascabeles, zapatean vigorosos.

Música y sonido de baile…

A estos danzantes los acompañan jovencitas y niñas vestidas con faldas de exquisitos bordados, vistosos aretes y adornos en sus cabelleras trenzadas. En uno de los bailes las muchachas portan una olla de barro que después colocan en el piso boca abajo, se suben en ella y descalzas  continúan el baile.

Leobardo Jiménez explica:

“La jarra se usaba, se sacaba el agua en los pozos que teníamos, se echaba en las jarras y en jarras se cargaban en el hombro las mujeres y representa eso pues”

Los asistentes, en su mayoría purépechas, no cabían de la alegría.

“Me siento bien….  Es la costumbre que traemos nosotros los purépechas… Pa’ que no se olvide de mi  origen, de donde vengo yo, por eso les impongo –a sus hijos-, que sigan la tradición del pueblo”

Por primera vez asistió a la celebración Mario Walker, profesor afroamericano que dirige una escuela donde asisten los niños purépechas del área.

“Los niños que van a la escuela son de los mejores, muy respetuosos, lo que no tienen económicamente lo manifiestan en carácter”, dice Walker.

Enseñarle a los niños sus tradiciones culturales es muy liberador, afirma Meregildo Ortiz Pascual,  primer presidente de un comité comunitario purépecha de Coachella:

“A la nueva generación, enseñarle de que hay un camino, hay una fe, hay una esperanza de que mañana van a cambiar las cosas”

Opina lo mismo  la madre Teresita, quien se encarga de cuidar a muchos niños purépechas mientras sus padres  salen a trabajar.

“Qué significaría que  no hubiera esto? Aaay… es como si les quitaran un pedazo del alma”

Música en purépecha…

Para la Edición Semanaria de Noticiero Latino, reportó desde La Mecca, California, Rubén Tapia.

Este reporte, es parte de nuestra serie Raíces, historias sobre los artistas del pueblo.

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