Abismo Místico: Teatro-Danza multiétnica

La universalidad de los mitos y las artes se pone de manifiesto en un escenario de San Francisco California, con una obra de Teatro-Danza que mezcla las tradiciones indígenas de los nativo americanos y del México prehispánico con el Teatro Noh japonés, en una simbiosis estética que además de belleza nos entrega suspenso y emociones, y se da de una manera sumamente natural. Farida Jhavbala Romero presenció el magnífico espectáculo y nos entrega esta reseña.

La música de tambor indígena Iroquois se entreteje con una flauta japonesa en la obra de teatro Abismo Místico. En esta escena se cuenta la leyenda Iroquouis de la Mujer Cielo, que es arrojada por su esposo a un abismo oscuro. Dos bailarines con vestidos de plumas dan saltos ligeros y rodean a la mujer. Representan a pájaros que deciden ayudarla.

 

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Sonido ambiente:

Maybe we should help her! So, they flew up and caught her on their backs.

(Tal vez deberíamos ayudarla! Así que voló y la agarró por la espalda)

Los pájaros depositan a la Mujer Cielo sobre una gran tortuga. Y con un puñado de tierra del fondo del mar, sobre el caparazón de la tortuga, la Mujer Cielo crea Norteamérica. La Mujer Cielo es representada por Janelle Ayon, una bailarina de Denver, Colorado, con parientes japoneses y mexicanos.

Janelle Ayon:

 

Las similaridades entre la cultura mexicana – los aztecas y los mayas- también comparte muchas cosas con la gente indígena americana de Estados Unidos. Porque en aquel entonces no hubo fronteras.

Los bailarines, músicos y escritores de diferentes partes del mundo fueron reclutados por Yuriko Doi, directora del Teatro Yugen en San Francisco, California.

Yuriko Doi:

Japanese also have similar legend, and so does India has, Africa has… The beauty is we can share same creation myth”.

(Los japoneses también tienen una leyenda similar. Tambien India y Africa… La belleza es que podemos compartir el mismo mito de creación)

 

La obra de teatro también recoge la leyenda de los dioses Izanagi e Izanami, que crearon las islas del Japón. Después de que Izanami muere durante el parto, Izanagi baja al inframundo a buscarla y no la ve en la oscuridad.

Sonido ambiente:

¡Such a dark place!

(¡Qué lugar tan oscuro!)

 

La directora Yuriko Doi dice que la obra explora el balance entre lo bueno y malo, la luz y la obscuridad.

Doi:

“How do we see the darkness, beauty of the darkness, that’s the theme, and finding out beauty of Darkness”.

(Cómo vemos a la oscuridad, la belleza de la oscuridad, ese es el tema; y encontrando la belleza de la oscuridad)

 

En ambas leyendas, de la oscuridad surge creación y renacimiento. Doi ve en estas historias el poder de las mujeres de crear, y de ser fuertes.

Doi:

“People always think tradition only just the past. But it’s not truth. Tradition is always Is there carrying on”.

(La gente siempre piensa que la tradición está sólo en el pasado. Pero eso no es verdad. La tradición siempre está ahí, perdura)

La obra incorpora elementos de música Iroquouis, danza azteca, animación digital y teatro Noh japones.

Masashi Nomura canta aquí como la diosa japonesa Izanami. En la tradición Noh, los hombres normalmente representan a las mujeres.

Nomura:

“The Noh started 1,600 years ago, and we have been doing it basically same things.. and we are very strict about what we do”.

(El teatro Noh empezó hace 1,600 años, y siempre hemos estado haciendo básicamente las mismas cosas… y somos muy estrictos sobre lo que hacemos)

En el escenario, Nomura viste largos trajes brillosos, peluca de cabello negro hasta la cadera y una máscara blanca. Camina con pasos cortos, y cada movimiento es controlado. Todo irradia sentimiento –incluso las pausas que hace.

Nomura:

“Our stuff is like a pose. Stopping is very important moment. That moment is coming out emotions. So when you start crying or happy, you have to have emotion inside so that to bring it out on the outside. So we actually don’t move that much but you can feel it”.

(Es como una pose. Parar es un momento muy importante. Emociones salen de ese momento. Así que cuando empiezas a llorar o estás feliz, tienes que tener esa emoción adentro para que salga al exterior. Así que no nos movemos mucho, pero lo puedes sentir)

Descansando y tomando una cerveza después de su actuación, Nomura en gorra de beisbol, camiseta y jeans, se ve más relajado que en el escenario. Sonríe y platica lleno de energía.

Nomura:

“It’s fun, it is very fun, I mean I love it.

(Es divertido, muy divertido, quiero decir, lo amo)

Nomura dice que le encantó trabajar con los demás artistas, como el coreógrafo y bailarín mexicano, Jesús Jacoh Cortés, que representó al esposo de la Mujer Cielo y al Dios japonés, Izanagi, con una mezcla de danza contemporánea e indígena mexicana.

Cortés:

“Multidisciplinario, pero al mismo tiempo unánime. Pero aunque son de diferentes estilos, la danza es la danza. Y no hay barreras”.

Al final de la obra, la diosa japonesa del sol, Ametarasu, se refugia en una cueva dejando al mundo en una noche constante. Danzantes bailan a ritmo de música azteca y nativo americana y, como en la leyenda japonesa, hacen con su júbilo que el sol salga de la cueva, y vuelva a traer el calor y la luz. El sol, después de todo, es un símbolo universal.

Para la Edición Semanaria del Noticiero Latino desde San Francisco, CA, reportó Farida Jhabvala Romero.
Fotos: Charline Formenty

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